Nota de prensa de Ganemos Hellín


Ante la grave crisis humanitaria que se está viviendo en el este de Europa, con la llegada masiva de refugiados provenientes de países como Siria, Iraq, Líbano, Kurdistán, Afganistán, etc.; ante la grave crisis humanitaria que también se está viviendo en los países de Europa ribereños del Mediterráneo, por la llegada masiva de refugiados originarios del norte y del centro de África;

ante la trágica muertes de miles de personas inocentes que se ven obligadasa intentar, desesperadamente, alcanzar su seguridad física y la de sus familias en los diferentes países de Europa; ante las condiciones de vulnerabilidad generada por la despreocupación, cuando no rechazo manifiesto a estas avalanchas humanas,manifestada por las autoridades comunitarias europeas, así como de los Gobiernos de los respectivos países afectados, lo que genera un considerable aumento de la inseguridad de los refugiados, pues los dejaen manos de desaprensivas mafias de traficantes; y ante un innecesario aumento del drama personal y colectivo, asociado al lamentable aumento de muertes:

La “plataforma Ganemos Hellín”, quiere hacer llegar a la opinión pública las siguientes consideraciones:

1º.- Valoramos de manera positiva y en su justa medida, la propuesta inicialmente comunicada por el Ayuntamiento de Hellín, de sumarse a la red de Municipios españoles que se ofrecen para acoger a refugiados. Esta iniciativa, que ha valorarse como una adecuada respuesta a la sensibilidad manifestada por la ciudadanía de nuestro municipio ante el drama humano que supone el desplazamiento masivo de personas por razones de hambre, guerra o miseria, esperamos pronto verla hecha realidad con la llegada de un número de refugiados suficiente, para que su atención y ubicación por parte de la institución municipal sea la adecuada,tanto en función de las necesidades humanitarias de los refugiados como de la cuantía de los mismos, establecida según el número de refugiados asignados.

2º.- Mas allá de los acuerdos y tratados internacionales, más allá incluso de la propia declaración de los Derechos Humanos, más allá incluso de lo que se dispone en la legislación nacional e internacional vigente, es el sentido humanitario de cada uno de nosotros, los propios valores éticos y morales de cada persona, los principios de solidaridad y de fraternidad, así como el sentimiento de pertenencia a un mismo colectivo que es la Humanidad, lo que nos debe mover a rechazar, condenar y finalmente reaccionar inmediatamente, frente a la grave crisis “humanitaria” que se está produciendo en estos momentos tanto en el Este y en el Sur de Europa, así como en otras numerosas partes del planeta.

3º.- Que, más allá del rechazo y de la condena de las graves situaciones humanas que se están produciendo, está la obligación que tenemos los ciudadanos y las instituciones con las que nos organizamos (fundamentalmente el Gobierno del Estado, así como los Gobiernos de las Comunidades Autónoma y los Ayuntamientos) de reaccionar, con todos los medios posibles a nuestro alcance, para paliar el sufrimiento de los millones de personas afectadas, pero sobre todo la obligación de reaccionar efectiva y eficazmente para atajar y detener las causas que originan el éxodo de la población y por lo tanto la tragedia humana que se desencadena, que mayoritariamente suelen ser guerras y conflictos de interés, en los que la comunidad internacional, bien de manera directa o bien indirectamente, puede y debe actuar sin más dilación para su resolución inmediata, sin generar más violencia ni más dolor y sufrimiento, sino con la intención de ponerles fin. Así se ha demostrado históricamente, en otras ocasiones en las que al interesarse en ello, las causas se han detenido.

4º.- Que la pasividad de las Instituciones de la Unión Europea en su conjunto, como la de cada uno de los Gobiernos de las naciones que la forman, así como la tardanza en la reacción para organizar una respuesta de ayuda humanitaria adecuada a las exigencias que demanda la grave situación que se está viviendo, les hace cómplices, por omisión de ayuda y por generación indirecta o pasiva, de un aumento considerable del sufrimiento ya elevado de los millones de personas afectadas, de un delito de lesa humanidad, pues no solamente las acciones bélicas son las causantes de las muertes, desplazamientos y del tráfico ilegal de personas que, legítimamente, intentan poner a sus familias a salvo de las amenazas que les acechan en sus países de origen, sino que dicha pasividad favorece la impune actuación de las redes de traficantes, y aumenta considerablemente la inseguridad de los refugiados, como se ve continuamente con la muerte de miles de personas cada día, muertes unas veces conocidas a través de los medios de comunicación y otras que pasan desapercibidas, al ser ignoradas.

5º.- Que si los Gobiernos de los países de la Unión Europea son cómplices, cuando menos por pasividad, de la tragedia humanitaria que vivimos, ya sea por egoísmos de sus componentes que pretende salvaguardar sus estatus y posiblemente sus resultados electorales, ya sea movidos por intereses materiales, económicos y hasta ideológicos, la totalidad de la ciudadanía, de toda la Unión Europea en general, y de España en particular, no puede permanecer indiferentes ni impasible, ni tampoco cómplice silencioso, frente dicho drama. Nuestra voz ha de alzarse fuerte y contundente para exigir a nuestros Gobiernos que actúen inmediatamente, en los dos aspectos necesarios para la solución: primero tomando las medidas necesarias y urgentes para detener los conflictos bélicos y las hambrunas, que están en el origen de todas estas tragedias y;simultáneamente, poniendo inmediatamente todos los medios humanos, materiales y económicos necesarios para atender de manera adecuada y dar un trato humano digno a todos los refugiados que se han visto obligados a desplazarse.

6º.- A lo largo de la Historia de la Humanidad, también a lo largo de la Historia de España, todos los colectivos humanos, sociedades y poblaciones, se han visto afectadas por guerras, hambrunas, crisis económicas y catástrofes naturales de diverso origen, que las han abocado al desplazamiento de sus lugares de origen, en busca de condiciones de vida algo mejores. Esto es una aspiración legítima del ser humano, que se puede considerar como parte fundamental del derecho natural de toda la Humanidad. España, no hace todavía ni cien años, se vio afectada por una trágica guerra civil que además de causar más de un millón de muertos, generó el desplazamiento por exilio de otro millón de refugiados. A ellos habría que sumarlos millones de españoles que se vieron obligados a irse de su tierra por motivos económicos y laborales, éxodo éste que todavía está afectando, como una demoledora tragedia, a nuestro presente y a afectará gravemente a nuestro futuro. Olvidar eso y convertirse en un país egoísta e insolidario, es dar a quienes nos acogieron en el pasado y nos acogen en el presente, un claro mensaje de ingratitud por la mano tendida que nos ofrecieron y que aún nos ofrecen. Y ser ingrato, no es una seña de identidad del pueblo español, que se caracteriza por ser uno de los pueblos más solidarios de todos los pueblos de la tierra.

7º.- La riqueza de las naciones no es más que una riqueza manchada de sangre y de muerte, si no está al servicio de las personas y de sus más primarias y esenciales necesidades. Los dirigentes políticos y los “grandes líderes” de las naciones occidentales, se ufanan de haber promovido un mundo globalizado. La globalización supone la libre circulación de mercancías y de capitales, pero, curiosamente, no de personas. Todo un logro, según ellos. Pero lo cierto es que la libre circulación de capitales supone que las riquezas que se generan en un lugar de la Tierra pueden moverse libremente a otro lugar de la Tierra. Así, hemos de ser conscientes que el término “globalización” es un eufemismo utilizado por quienes lo han organizado, pues en vez de llamarlo por su nombre: expolio, latrocinio, colonización, o simplemente robo, se le llama globalización. Seamos conscientes de que, una parte más o menos grande y variable, de las riquezas que se disfrutan y se poseen en gran parte de los países occidentales, ha sido generada en aquellos paísesde los que ahora nos llegan los refugiados. Devolverles una parte de la misma en manera de ayuda humanitaria, y en ayuda a su adecuado y necesario desarrollo, no es un acto de caridad, ni un acto siquiera de humanidad, sino que es un acto de Justicia.

 

La “plataforma Ganemos Hellín”.

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